Puede que haya ocasiones en las que el mundo parezca derrumbarse sobre nosotros. Nos dicen que no hay mal que dure cien años, que todo es pasajero y que el dolor eventualmente se desvanecerá. Después de la tormenta, llega la calma.
Te pido que te pongas en mi lugar y comprendas que, cuando cometo errores, también estoy sufriendo. Necesito que me muestres que el mundo no es un lugar hostil, que merezco amor incluso en mis momentos más débiles. Soy como ese estudiante que obtiene malas calificaciones, esa pareja que se enoja sin razón aparente, ese amigo que comete errores, o esa persona que ha sido injusta contigo.
Mis fallos son parte de mí, de nosotros y de las circunstancias que enfrentamos. Son lecciones que, con el tiempo, se convierten en experiencias. Cuando ofrezco mi peor versión, me siento triste y me culpo por no estar a la altura. Necesito tu perdón y comprensión para seguir adelante.
Comprender la importancia de lo sucedido y aceptar que todos cometemos errores nos ayuda a crecer. Tu consuelo, aceptación y comprensión son fundamentales para convertir esos momentos difíciles en oportunidades de aprendizaje. Ámame, incluso cuando no lo merezca, porque es en esos momentos cuando más lo necesito.

Comentarios
Publicar un comentario